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“En primaria no se trabaja”

“En primaria no se trabaja”

Me llama mucho la atención esa idea que se tiene de que a los Centros de Salud se va a descansar. No es un hospital, donde se trabaja de verdad. No, en Atención Primaria vas a relajarte, estás sentada todo el día, hablas con los compañeros, te vas hora y media a almorzar… La buena vida.

No.

Sí es cierto que no tienes la adrenalina de una urgencia hospitalaria, en mi caso una urgencia en paritorio, donde una Señora Urgencia hace que pierdas 5 años de vida, desees no haberte levantado de la cama ese día y hace que te vayas a tu casa con una sensación de: por los pelos. Y ojalá que te vayas a casa con un “por los pelos”. Eso sería lo mejor de todo.

En los Centros de Salud, por norma, no tienes eso. ¿Pero no se trabaja? Te diré…

Cuando iba a empezar a trabajar en Primaria, lo primero que me dijo mi madre fue: “¡mira qué bien! A tomar tensiones, pesar y escuchar al bebé, y ya, ¿no?” Y lo peor es que esa es la idea que se tiene. Y lo que aún es peor, es que hay gente que sí que trabaja así y es la que ayuda a mantener esa idea de que nos tocamos los ovarios a dos manos. Sin ir más lejos, la matrona con la que pasé mientras realizaba mis prácticas de la carrera de enfermería era así (obviamente no es la que me motivó para hacer la residencia de matrona). Pero si quieres hacer, si realmente quieres hacerlo bien, te falta tiempo por los mil costados:

  • La de educación para la salud que se puede hacer es abrumadora. Hay veces que me he ido a mi casa pensando: no quiero hablar más en todo el día, he agotado mi cupo de palabras. Tan sólo en la primera visita de una embarazada a consulta: abre cartilla de embarazo; pregunta por antecedentes; solicita pruebas añadiendo según qué cosas por antecedentes; pregunta por tóxicos y explica tóxicos uno a uno de forma que quede claro el por qué es conveniente dejarlo; derivar si es necesario para ayudar a dejarlos; solicita ecografía; explica pruebas complementarias; explica toxoplasmosis, listeria, salmonela, mercurio en pescados, anisakis y signos de alarma; ¿ácido fólico y yodo?; lista de dudas de la madre (y digo lista porque a veces es literalmente una lista); toma tensión, pesa y mide si es necesario; duplica toda esa información en el ordenador (el trabajo administrativo es lo mejor); da citas y desea un buen día. ¡Ah, y los folletos! Entrega también los folletos que ayudan a reforzar la información dada. “No, todavía es muy pequeño para escuchar al bebé en consulta“. Y si tienes 3 o 4 primeras visitas en un día… ¿Te digo cómo se acaba?
  • El solicitar pruebas en las semanas que correspondan, el ver las pruebas, el derivar, el pensar si ese resultado es suficiente para derivar o solicitar otra prueba para confirmar. ¡Y que no se te pase pedir nada!
  • El jugar con las palabras de forma que ante un resultado un tanto preocupante se vaya la mujer con las menos preocupaciones posibles pero informándola igualmente del resultado lo más objetivamente posible.
  • Escribe en la cartilla, en el programa de ordenador, en una hoja específica dentro del programa de ordenador, y hazme el favor de mirar a la mujer a la cara mientras haces todo eso, que es a ella a la que realmente tienes que atender.
  • Que entre alguna mujer quejándose del tiempo que ha estado esperando fuera y tú intentando explicarle que el retraso no es que las mujeres esperen fuera, el retraso es no atender bien a las mujeres que están dentro por acabar a tiempo la consulta. Pero sonríe, ¡sonríe! Atención al público, amabilidad. Que no se te note estresada.
  • Que una mujer te venga en una primera visita puerperal (donde sólo tienes 15 minutos por consulta) llorando por un dolor horrible producto de un mal agarre en la lactancia, con algún problema derivado de los puntos, donde además te cuenta su experiencia (porque tú se la has preguntado, ojo, que la quieres escuchar) y donde además tienes que proporcionar bastante información sobre loquios, anticoncepción, lactancia, suelo pélvico… ¡Ah! E intentar que no se sienta culpable por las decisiones que ha tomado respecto a su crianza, porque todo su alrededor la está cuestionando. Y que se vaya de allí, si no con todo solucionado, al menos con todas las pautas dadas y visita de control para ver la evolución.
  • ¡Suelo pélvico! Vamos a intentar que las mujeres finalicen su paso por la matrona de atención primaria sabiendo qué es el suelo pélvico, por qué es tan importante ejercitarlo durante toda la vida y cómo se realiza correctamente. ¿Que no lo realiza del todo bien? Lo cual sería lógico teniendo en cuenta que hay mujeres de 20-30-40 años que se acaban de enterar que existe esa musculatura… Pues bien, otra cita. Y así hasta que consideres que está para darle el alta o para derivar finalmente a Unidad de Suelo Pélvico porque tu asistencia, en ese caso, ya se queda corta.
  • ¡Ah! Pero no olvidemos que además tienes que desplazarte en coche (en mi centro de momento es así) para dar dos horas y media de educación maternal + ejercicio, luego otro día estar en el grupo de apoyo de lactancia materna (y prepararte alguna charla si es necesario) y no nos olvidemos de ir a la piscina a dar una clase en el agua para embarazadas, con la preparación previa que requiere en casa de todo eso para que salga todo lo más decente posible.

Y habrán más cosas, pero el post se me está alargando ya demasiado. Y que conste, me gusta mi trabajo, lo adoro, me encanta. Cuando explico las cosas lo hago a gusto. Pero eso no quita que una llegue a casa con la cabeza embotada, con ganas de no pensar en nada en un buen rato, y cuando alguien me dice eso de que “se vive muy bien en primaria”, explicarle que ya no me llevo almuerzo al trabajo porque me cansaba el traérmelo de vuelta a casa (y alguna vez me llevo por si cuela, y oye, ¡que a lo mejor almuerzo ese día!).

¿Y hay días más tranquilos? Pues sí, pero la realidad es que esa suele ser la excepción.

 

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Bien, como siempre.

Bien, como siempre.

Estar alegre por la mañana cuando llegas a consulta,

sonreír mientras vas viendo a mujeres y soltar alguna gracia de vez en cuando.

Que entre una mujer y al preguntarle “¿qué tal?” se derrumbe, y ya no hace falta saber más. Que se desahogue contigo, que mires el informe para intentar explicarle lo que ya sabe pero aún así te pregunta, que te pongas a su lado, a su altura, y le des papel para sonarse.

Intentar acompañar. Y digo intentar porque a veces no sabes si lo consigues, pero ahí estás. Que te mire preguntando un “¿por qué?” en silencio y no saber qué decir para aliviar.

Que finalmente se despida, cierre la puerta y que entre la siguiente. Y vuelves a poner la sonrisa (que ya no es tan grande) y vuelves a intentar decir alguna gracia.

Y por fuera puedes parecer un poco seca, pero por dentro estás que te hundes.

Y que te pregunten que cómo estás, y que contestes…

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emPODERamiento

emPODERamiento

He tenido recientemente la oportunidad de dar una “masterclass” de suelo pélvico. Ha sido curioso porque normalmente trabajo con mujeres embarazadas o mujeres que acaban de tener a un bebé, pero en este caso no: eran mujeres de todas las edades que venían porque les ha parecido curioso lo de “suelo pélvico”. Debo añadir que la clase la he dado en un gimnasio, por lo que me han entrado todas con la botella de agua y la toalla, dispuestas a ver qué ejercicios se iban a hacer. Alguna me ha preguntado si iba a ser muy “cañero”, porque no sabía si después iba a poder aguantar el ritmo de la clase de zumba. (más…)

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¿Por qué “matrona zurda”?

¿Por qué “matrona zurda”?

Para empezar, y por absurdo que pueda parecer, es porque es mi distintivo.

Considero que cada persona tiene algo que la identifica. ¿Significa eso que me identifico únicamente por mi zurdera? (más…)

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