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Reconozco que me ha costado bastante escribir este post. Imagino que porque trata de las emociones, y siempre cuesta hablar de ellas. Siempre, en el ámbito de la sanidad, intentamos tener la parte física controlada, en el caso del embarazo: tensión, peso, frecuencia cardíaca fetal, valores analíticos, rangos ecográficos… Pero la parte emocional parece que se difumina, y lo hace en el momento en el que más a flote debe estar: en el momento de saber que vas a tener un hijo.

La frase de “un hijo te cambia la vida” no es un decir. Es un acontecimiento vital que conlleva un nivel de estrés importante, y donde la madre/pareja/unidad familiar va a tener, entre otras cosas, miedo.

Sí, miedo. ¿Pero por qué? Si te pones a pensarlo tiene su lógica:

  • Miedo a si he hecho bien en quedarme embarazada
  • ¿Seré buena madre?
  • Noto pinchazos aquí, ¿estará bien?
  • Estoy embarazada porque me lo ha dicho un palito, pero no noto que desprendo amor por los poros, ¿es normal o es que me pasa algo raro?
  • Anda, primera ecografía
  • ¿Ecografía morfológica?
  • ¿Pero ESO tiene que salir por AHÍ?
  • ¿Le podré dar pecho?
  • No me come, ¿tendrá algo?
  • ¡¡Mocos!!
  • Son las 4 de la mañana y todavía no ha venido de fiesta…
  • ¿Y no dice ahora que se quiere ir a Alemania?

Y así, para todo, de por vida. Es lo que tiene pasar de ser una persona independiente a depender totalmente del ser más dependiente que vas a tener jamás. Y esa relación va a ir acompañada de un sentimiento brutal de protección, y eso siempre viene acompañado del miedo a no conseguirlo.

Pero además de miedo se tiene sentimientos de incertidumbre, culpa… Nos han idealizado tanto la maternidad que el hecho de tener momentos en los que preferirías estar en otro lugar, momentos en los que solo quieres estar sola…, te hacen sentirte mala madre. Porque son cosas que no se dicen, que no se cuentan, que se sufren en silencio. ¿Os suena el anuncio de las hemorroides? Pues parecido pero con síntomas ligeramente distintos.

Y es algo que hay que decir, porque la maternidad es maravillosa pero también muy dura: es un juego de ensayo y error constante, un continuo aprendizaje que acaba cuando ya no puedas preocuparte de nada más. Ah, y por cierto, malas madres reales, es decir, las que realmente lo son, son muy pocas (en proporción). Hay una frase que digo mucho pero porque considero que es verdad verdadera: mientras no roce la negligencia, toma las decisiones que TÚ consideres respecto a tu hijo. Es tuyo, de nadie más, y vas a ser la mejor madre que tu hijo pueda tener. Ni el vecino, ni tu suegra, ni tu mejor amiga va a cuidar mejor a tu hijo que tú. Y a la que más va a querer tu hijo es a ti.

Siempre.

Empieza a creértelo.

Feliz día de la Madre 💛

 

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