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Esa frase, la del título, me marcó mucho durante una charla a la que fui para intentar comprender mejor de qué iba eso de “viajar a contramarcha”.

Pero empecemos por el principio: el principio es que yo no tenía ni idea de seguridad vial. Pasé enfermería sin escucharlo ni una vez, llegué a la residencia de matrona y tanto igual, y acabé trabajando en la misma inopia en este sentido. Es decir: no se escucha hablar sobre esto, no sabemos de qué va, y es difícil recomendar sin tener siquiera una mínima información o formación (recordemos que en muchas cuestiones las madres preguntan a las matronas…).

¿Pero es importante? Pues a ver… No fue hasta que empecé a trabajar en primaria cuando una compañera muy “pro” y muy actualizada me abrió los ojos (lo siento, he aprendido mucho gracias a ti, es lo que hay…). Y me abrió los ojos de la forma en la que mejor se pueden abrir: mostrándome un caso real.

Y entonces llegamos a Gabriel. Gabriel, “el vikingo” (http://www.gabrielelvikingo.org), es un niño de dos años y medio que perdió la vida meses después de sufrir un accidente en el coche en el que iba con su padre. Fue en una curva, en un día corriente, mientras iba en su Sistema de Retención Infantil, a favor de la marcha (AFM). Tras el accidente sufrió pentaplejia. ¿Qué significa eso? Pues que, además de la falta total de movilidad, se necesita estar conectado a un respirador de forma constante. ¿Y por qué se produjo? Pues por una decapitación interna. Uf, duele leerlo, ¿eh?

Pero si iba en su Sistema de Retención Infantil, ¿cómo pudo ocurrir? Pues fácil: simple física. Imaginémonos a nosotros, en el coche, en una nacional o autovía o simplemente en un momento de aceleración y, de repente, algo se cruza por el camino, o el coche de delante frena de golpe. ¿Qué hacemos? Frenamos (si tenemos la suerte de no chocar). Y, ¿qué hace nuestra cabeza? Claro, el cinturón nos retiene en el asiento, pero la cabeza por inercia sigue hacia delante. ¿Y no hemos tenido un dolor importante de cuello después? El típico collarín después de un accidente… Pues entonces, ¿qué pasa con un bebé o un niño pequeño?

Cristina Barroso, pionera del movimiento de A Contramarcha en España, ya lo dijo en una entrevista y me impactó sobremanera, aunque tiene todo el sentido: los bebés no son adultos en miniatura (enlace de dicha entrevista aquí). ¿Qué quiere decir eso? Pues que anatómicamente un bebé no es como un adulto en pequeño, sino que tiene sus peculiaridades: al nacer, el 50% de peso del bebé recae en la cabeza, teniendo ésta el mismo diámetro que su tórax . A esto hay que añadir que las estructuras del cuello todavía están muy frágiles. Y es sencillo: si cuando nace un bebé tenemos tantísimo cuidado con su cabeza y cuello, ¿cómo pretendemos que soporte un choque frontolateral (los más frecuentes) o un frenazo brusco sin que se produzcan daños irreversibles? Y aquí otra entrevista de ella (todas son 100% recomendables) donde indica que la seguridad NO es opinable, ya que es mera física, como hemos dicho.

Hay vídeos para aburrir respecto a este tema (aquí, aquí…). Y cuando los vemos es cuando nos preguntamos: ¿y por qué se venden las sillas AFM? Fácil, porque se compran. Desgraciadamente las sillitas del coche no son un producto de salud, la legislación vigente es una ley de mínimos: cumple la función, que es retener, ¿pero proteger? “Pero si están homologadas…”. Ya, bueno, los cascos de moto tipo calimero están homologados, se puede circular con ellos. Ahora, pregunta, ¿protegen frente a un accidente? Hay una frase muy buena que dice que la peor silla a contramarcha es más segura que la mejor silla a favor de la marcha. Para pensárselo.

Meses más tarde, después de tener ya una base mínima para recomendar viajar a contramarcha hasta los 4 años o más, en la revista OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) en la que estaba suscrita aparecía un artículo en el que decía que viajar a favor de la marcha era igual de seguro que a contramarcha. Y ahí es donde me di cuenta de que el dinero, desgraciadamente, manda demasiado (os adjuntaría el artículo, pero cancelé la suscripción después de eso…).

Y sí, es difícil tener un accidente. Yo nunca he tenido ninguno. ¿Pero el hecho de no haberlo tenido implica que no existan o que no me pueda ocurrir en un futuro? ¿Cuántas veces hemos estado en el coche y hemos dicho “¡uy!“, “¡por los pelos!“?, ¿o pensar que por un segundo ya hubiera sido demasiado tarde? Los accidentes, por desgracia, no se pueden predecir. Y nadie quiere tener uno, ¿pero nos apostaríamos la vida de nuestro hijo por nuestra convicción?

Y luego está el tema de:

  • Es que se aburre mirando hacia atrás. Siento decirlo, pero mirar por el cristal trasero y ver el paisaje creo que es más entretenido que mirar el asiento delantero de un coche.
  • Es que no le caben las piernas. A ver, cuando un niño viaja a contramarcha suele apoyar las piernas en el respaldo del asiento trasero, doblando las piernas o cruzándolas. AFM normalmente tienen las piernas colgando. ¿Alguna vez habéis estado en un bar, en una silla demasiado alta, e intentabais apoyar las piernas en alguna superficie porque el llevarlas colgando resultaba molesto? Pues eso.
  • Es que no le veo la cara. Existen espejos que se pueden colocar en la parte trasera para poder verle la cara.
  • Es que va incómodo, va todo el camino llorando. Pues aquí no me queda otra que decir que lo siento, prefiero que vaya incómodo un cierto tiempo pero tenga la seguridad que ante accidente salga ileso. Ah, porque esta es otra, Suecia (país pionero en el uso de sillas a contramarcha) tiene la tasa de mortalidad infantil por accidentes de tráfico más baja del mundo. ¿Y por qué? Porque la mayoría de niños viajan a contramarcha. Y no, no creo que el uso de estas sillas sea “una moda” dado que el primer prototipo de silla a contramarcha data alrededor de 1964…, y las fotos lo demuestran (afortunadamente se ha mejorado el diseño desde entonces).

Volvo PV544

Así que, como bien dicen, la seguridad viaja de espaldas a la marcha. Y hablamos de la seguridad de los más pequeños, y sabemos que en un segundo te puede cambiar la vida. Y somos profesionales de la salud. E informar según lo que vemos en la tele o en ciertas revistas (que lo triste es que aparentan ser fiables) es muy pero que muy peligroso.

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