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El alcohol es una droga legal de amplio consumo en la sociedad. Se relaciona con quedadas con amigos, en Navidad para brindar, la cerveza en la terraza en verano… En cualquier evento social hay alcohol de por medio. ¿Dónde radica el problema? Radica en que sea una embarazada (o mujer en periodo de lactancia) la que consuma ese alcohol.

¿No os suena eso de “por una copa al día de vino no pasa nada”? O, aún mucho mejor, ¿que “es buena para la salud”? Pues oye, entonces si estás embarazada, ¡2×1! ¿No?

Pues no. En la primera visita del control del embarazo en el centro de salud, de las primeras cosas que se pregunta es: “¿bebes alcohol?”, y la gran mayoría me dice que no. Ahora, siguiente pregunta: “¿pero nunca o solo ahora?”, y ahí la cosa cambia: “no, desde que me enteré” (que a lo mejor se ha enterado a las 6 semanas, o a las 10, o…); “no, sólo de vez en cuando, con los amigos y eso”; y (esta es mi preferida) “mira, no bebo nunca, pero justo antes de enterarme me emborraché de una manera…”. Es curioso, pero esto último es bastante típico.

Después de la pregunta de rigor es cuando digo: vale, pues a partir de ahora ni una gota. Pero es que claro, tengo que especificar, porque cuando digo que “ni una gota” se piensan que me refiero a un whisky doble o a un chupito de ginebra, pero cuando les digo que ni cerveza “sin”, la cara de asombro es para enmarcar. “¿Pero ni una cerveza? Pero una copita de vino de vez en cuando no pasa nada, ¿no?”

Ese mito me trae de cabeza, pero sobre todo, y esto es lo peor, es que alguna mujer me ha dicho que en su anterior embarazo su matrona se lo recomendaba, que si es poco no pasa nada (al igual que fumar durante el embarazo, porque todos sabemos que es peor la ansiedad…). Bueno, vamos a aclarar cosas: la proporción de alcohol que tiene en sangre la madre es LA MISMA (¿enfatizo más?) que la que tiene el bebé en sangre, es proporción 1:1, la placenta no elimina nada, no es un filtro. Es más, el alcohol circulante en sangre materna llega a la circulación fetal casi al mismo tiempo, alcanzando los mismos niveles que la madre. El hígado de un bebé que acaba de nacer todavía es inmaduro para metabolizar la bilirrubina, motivo por el que los primeros días suelen presentar ictericia fisiológica (ese color amarillento tipo Simpson), ¿cómo entonces va a metabolizar bien el alcohol presente en una copa de vino, sin esperar efectos adversos, cuando todavía “usa” a su madre de incubadora?

Esta es una foto sacada de este artículo donde se aprecia el cerebro de un niño cuya madre no había consumido alcohol y el de otro niño de madre sí consumidora. ¿Se aprecia la diferencia?

Para aclarar, el FAS (Fetal Alcohol Syndrome), o Síndrome Alcohólico Fetal, es el trastorno más severo dentro de los trastornos del espectro alcohólico fetal. Con trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF) nos referimos a la gama de efectos que se pueden manifestar en los bebés de madres consumidoras de alcohol, tanto a nivel físico y mental como a nivel de afectación en el desarrollo. El TEAF puede variar en cada niño pero, atención, no tiene cura, es de carácter irreversible (para más información sobre los TEAF, aquí se explica bastante más detallado).

“Bueno, pero eso será si tomo mucho, pero si es poco…”. Pues, y aquí viene lo mejor, no hay ningún límite seguro de alcohol durante el embarazo, al igual que tampoco hay unas semanas de embarazo seguras para el consumo. Es decir, no se sabe a partir de qué cantidad el feto empieza a afectarse. Y las complicaciones, no es por nada, pero agradables no son: en este otro artículo, sin ir más lejos, especifica que el consumo de alcohol durante el embarazo es la causa no genética más frecuente de discapacidad intelectual. Ahí es nada, ¿eh? (Aunque viendo la foto de arriba, no es de extrañar…). Otras complicaciones que pueden tener los bebés son: crecimiento intrauterino retardado (crece menos de lo que debe dentro del útero) y bajo peso al nacer, retraso en el desarrollo psicomotor, hiperactividad, nerviosismo extremo, problemas de atención, mala memoria visual o verbal, déficit visual, bajo rendimiento académico, dificultad en aprendizaje y razonamiento abstracto, dificultades para dormir… Además de unos rasgos faciales distintos.

¿Parte buena? Que todos esos efectos son 100% evitables. ¿Cómo? Pues eso, ni una gota. Y ahí es donde especifico lo de que la cerveza “sin” y la “0,0” tienen alcohol. Hay un reglamento muy majo, más específicamente el Reglamento 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, que especifica que por debajo de 1,2% de alcohol no es obligatorio indicar el grado alcohólico. La cerveza “sin” debe tener <1%, pero puede tener hasta 0,9%. ¿Y la 0,0%? Pues hasta un 0.04% de alcohol (por encima de esa cantidad ya se consideraría cerveza “sin”).

Que sí, que eso es muy poco, que es una cantidad insignificante. Pero recordemos que esa cantidad puede ser insignificante para una mujer adulta: un bebé de 8 semanas con todos los órganos ya formados mide entre 13 y 19 milímetros, aproximadamente. Y recordemos, va en proporción 1:1. Julio Basulto, dietista-nutricionista, lo explica bastante bien en su artículo Una de cada 67 embarazadas que beba alcohol lo lamentará, ya que cita un estudio en la que una de la conclusiones es precisamente esa, que una de cada 67 mujeres que consuman alcohol en el embarazo podría dar a luz a un bebé con el síndrome alcohólico fetal. Da que pensar.

En el caso de la lactancia materna, si buscáis “alcohol” en e-lactancia.org (página 100% recomendable) os especifica el tiempo que tiene que pasar entre que consumís cierta cantidad de alcohol y que le volvéis a dar el pecho para que sea seguro para el bebé o niño.

¡Ah! Y no me quiero dejar en el tintero ciertos medicamentos en cuya composición figura el etanol, como por ejemplo los antitusivos, motivo por el cual el automedicarse sin consultar previamente muy buena idea no suele ser…

Pero para aclarar, con todo esto no pretendo asustar, sino concienciar. Que hay quién me dirá que estoy demonizando el alcohol, ¿no? Pues sí, durante el embarazo o lactancia materna sí, al igual que el consumo de otras drogas legales y no legales (de las que ya hablaré más adelante). Hay muchos bulos que hay que ir erradicando por el bien de los niños, y oye, que para nosotras tampoco bien mal estar abstemias durante una larga temporada, vuestro hígado os lo agradecerá, ¡palabrita de Matrona Zurda!

Y ya para ir terminando: ¿has consumido alcohol antes de saber que estabas embarazada? Nada, deja de consumirlo (o pide ayuda si crees que lo necesitas). ¿Estás planeando un embarazo? Pues desde el minuto 1 que empiezas a buscar toca actuar como si ya estuvieras embarazada, es la forma más segura de llevar el inicio de la gestación. Y, ante la duda, ¡pregunta a tu matrona!  

 

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