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Estar alegre por la mañana cuando llegas a consulta,

sonreír mientras vas viendo a mujeres y soltar alguna gracia de vez en cuando.

Que entre una mujer y al preguntarle “¿qué tal?” se derrumbe, y ya no hace falta saber más. Que se desahogue contigo, que mires el informe para intentar explicarle lo que ya sabe pero aún así te pregunta, que te pongas a su lado, a su altura, y le des papel para sonarse.

Intentar acompañar. Y digo intentar porque a veces no sabes si lo consigues, pero ahí estás. Que te mire preguntando un “¿por qué?” en silencio y no saber qué decir para aliviar.

Que finalmente se despida, cierre la puerta y que entre la siguiente. Y vuelves a poner la sonrisa (que ya no es tan grande) y vuelves a intentar decir alguna gracia.

Y por fuera puedes parecer un poco seca, pero por dentro estás que te hundes.

Y que te pregunten que cómo estás, y que contestes…

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