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He tenido recientemente la oportunidad de dar una “masterclass” de suelo pélvico. Ha sido curioso porque normalmente trabajo con mujeres embarazadas o mujeres que acaban de tener a un bebé, pero en este caso no: eran mujeres de todas las edades que venían porque les ha parecido curioso lo de “suelo pélvico”. Debo añadir que la clase la he dado en un gimnasio, por lo que me han entrado todas con la botella de agua y la toalla, dispuestas a ver qué ejercicios se iban a hacer. Alguna me ha preguntado si iba a ser muy “cañero”, porque no sabía si después iba a poder aguantar el ritmo de la clase de zumba.

Pues cuando he sentado a las más de 20 mujeres en una fitball y les he puesto un powerpoint, se les ha quedado un poco de cara de pan… Ya cuando les he dado un globo a cada una, han flipado. Pero es que, ¿cómo se pretende hacer ejercicios de suelo pélvico si ni siquiera se sabe dónde está realmente, para qué hay que hacer esos ejercicios y qué supone no hacerlos?

Ya, conforme iba explicando e iba derrumbando mitos (NO es normal hacerse pis encima, NO se tiene por qué quedar flojo el muelle, nunca es tarde para empezar a ejercitar…) pues iba viendo caras de sorpresa, y cuando hemos empezado a hacer ejercicios aplicando la respiración, la activación de los transversos y la autoelongación, me ha encantado las caras de concentración. Debo admitir que, tratándose de una clase en un gimnasio, pensaba que les iba a parecer aburrida la clase ya que tenía más en cuenta la calidad que la cantidad, y me ha sorprendido gratamente la implicación.

¿Pero por qué? Porque de esto se habla mucho, todo el mundo ha escuchado hablar del famoso suelo pélvico (incluso el otro día me dijeron que era una nueva moda), pero realmente nadie se ha parado delante de esas mujeres a explicarles por qué es tan importante el ejercitarlo. La información es poder, yo siempre lo digo, y en vez de anunciar las dichosas compresas para las pérdidas de orina o tratar las incontinencias y los prolapsos con una mezcla entre tabú y “son cosas de la edad”, se debería promocionar el ejercitar algo tan vital y que merma muchísimo la calidad de vida de muchísimas mujeres. Si no, imaginad lo que os supondría el decir “tengo que llevar ropa interior en el bolso porque cada vez que toso o estornudo me meo encima”, o no poder andar o sentarse bien porque a tu vejiga le ha dado por encontrar una salida al exterior. Y esto pasa, pero no se habla de esto, se sufre en silencio.

Y si después de esa clase alguna mujer de las que ha acudido se empieza a fijar en la postura cuando está en el sofá, se compra alguna banqueta para el baño o acude a un profesional especializado en suelo pélvico porque ha dejado de considerar que lo que le pasa es normal, yo soy feliz.

Y no está mal hacer feliz a una zurda de vez en cuándo.

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